Al filo del abismo y en la orilla del mar,
soñar y caminar.
Sabiendo que pasamos
al borde de uno mismo,
en puntillas de pie,
sin pestañear.
Sin saber cómo,
ni por qué, ni cuándo,
pero confiando
en el viento que sopla,
en la Vida que pasa
y en la clara certeza
de sabernos en casa.
Mirando las estrellas, reconocerse en ellas,
buenas y bellas.
Y también desde el fondo del lago cristalino
escuchar el mensaje silencioso y divino.
Un lejano hasta siempre y un cercano hasta luego,
siempre nuevo.
Sabiendo que la vida tiene muchas sorpresas
como esta, de estar juntos, sentados a la mesa
compartiendo un espacio, un tiempo, una ilusión,
un don.
Intercambiando voces, ideas y experiencias
transformando las formas, expandiendo conciencia.
Por eso los amigos...son una bendición,
una gracia que llega, una oportunidad
para abrir las ventanas y sentarse a la espera...
Una presencia hermana, la luz en la escalera.
Marita Retes
Te recuerdo cantando esta canción, es muy tierna.
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